

¿Qué competencias profesionales han de poseer los docentes en estos momentos? ¿Han de trabajarse solo en la formación inicial o continuar a lo largo de la carrera docente? ¿Cómo repercuten esas competencias en el aprendizaje de los alumnos y en el bienestar de uno mismo?
Estas y otras muchas cuestiones vinculadas al desarrollo de la labor profesional de los docentes han sido abordadas en un encuentro celebrado en el Colegio el pasado 16 de mayo. Se pretendía propiciar el diálogo con expertos procedentes de diferentes campos de actuación y tomar conciencia de la importancia de definir las competencias docentes y avanzar en su desarrollo
La mesa redonda tuvo un hilo conductor: el trabajo realizado por los profesores Jesús Manso y Javier Valle (UAM), colaboradores asiduos del Colegio, y recogido en un libro titulado “Las competencias profesionales docentes: el modelo 9:20”, que fue presentado en la sede colegial el pasado año.
“La complejidad de ser docente”
Abrió este diálogo entre especialistas Jesús Manso, y lo hizo desde una premisa: “Las competencias que presentamos en nuestra investigación pueden ser una herramienta útil para definir de una manera sistemática y facilitadora un marco de trabajo, pero nunca podemos caer en el error de reducir la complejidad de la profesión a esa lista de competencias. De hecho, hay otros elementos también útiles para definir un marco adecuado del ejercicio profesional, que tienen que ver con las dimensiones cognitivas, instrumentales y actitudinales, o en saber cómo ha de ser su desarrollo gradual en el ejercicio de la profesión”.
¿Qué saben los docentes y cómo lo saben hacer?
Juanjo Vergara, maestro, pedagogo y autor de numerosas publicaciones en torno a este tema, explicó que en “el oficio de maestro intervienen tres actores: el alumnado, la sociedad, el propio docente y sus compañeros. En esa casa, que es la escuela, conviven todos. La pregunta es: ¿qué han de saber hacer los docentes en dicho entorno?”.
En ese contexto entran en juego las competencias, pero también otros factores que tienen que ver con la actitud y con la capacidad de soñar: “Necesitamos saber qué necesita la sociedad de nosotros y, especialmente, pensar en cómo podemos colaborar para construir una sociedad mejor”, señaló Vergara.
Por eso son tan necesarias las emociones
La intervención de Begoña Ibarrola, psicóloga y escritora sirvió para acercarnos al lado más humano de la profesión. Su apuesta por incluir las competencias emocionales en la formación inicial fue contundente: “Debemos incluir estas habilidades emocionales, tanto intrapersonales como interpersonales, para mejorar las relaciones con las familias, con los alumnos y con los propios compañeros de claustro”.
Lo cierto es que los datos son alarmantes: un estudio de 2023 de la Fundación SM señala que el 38 % de los profesores se siente desmotivado e incluso siente indiferencia hacia sus alumnos; también detecta que existen altos porcentajes de depresión y de estrés en el colectivo. El panorama resulta aún más desolador si lo comparamos con datos de 2003, momento en el que solo uno de cada tres profesionales manifestó falta de ilusión por su trabajo.
Pero estamos a tiempo de que la situación no empeore. Ibarrola apostó por las competencias emocionales, herramientas que se han de adquirir tanto en la formación inicial como en la permanente, y también por los principios básicos de la Neurociencia, “para que los docentes puedan detectar y derivar a los especialistas correspondientes”.
Isabel López Villa es docente de Educación Secundaria, y está integrada en los grupos Hipatia y Pygmalion. Desde su punto de vista, “estamos viviendo un proceso de desdemocratización en los centros, de retroceso en los órganos de participación; y sin participación no hay ilusión. Hay que reanudar la participación y conseguir el apoyo de los equipos directivos, porque han de ser más trasparentes y abiertos si queremos reducir el malestar del profesorado y promover su salud emocional”.
Los problemas de salud mental están afectando a los alumnos en edades cada vez más tempranas. Ángeles Vega, licenciada en Filología Inglesa y, en la actualidad, profesora de Educación Primaria, señaló el aumento de trastornos de conducta entre los más pequeños: “Tenemos en las aulas niños de 8 y 9 años con problemas emocionales que los impulsan a intentar el suicidio. ¿En qué mundo estamos viviendo?”. Vega, que también es miembro de los grupos Hipatia y Pygmalion del Colegio, aprovechó su intervención para proyectar algunas de las experiencias interdisciplinares puestas en marcha con sus alumnos.
Una mesa para el diálogo
Victoria Hortelano, vicedecana del Colegio y directora de Formación de la Fundación Estudio, fue la encargada de moderar la mesa de diálogo, en la que se intercambiaron las reflexiones de los expertos en torno a cuestiones como el conocimiento pedagógico del contenido: “¿En qué etapas los profesores dominan ese conocimiento?; ¿qué conocimientos, destrezas y actitudes debe aplicar el docente en cada etapa educativa?; y, ¿cómo se puede favorecer el desarrollo profesional docente desde los centros educativos?”.
Otra de las cuestiones debatidas fue el uso de la tecnología en las aulas y los riesgos que conlleva. Hubo respuestas de todo tipo, pero se llegó a una conclusión uniforme: siempre ha de ser un instrumento para el aprendizaje, una herramienta más para conseguir que el alumno aprenda. De hecho, la mayoría de los participantes en la mesa estuvo de acuerdo con lo expresado por Jesús Manso, decano de la facultad de Educación de la UAM: “El estudio realizado nos lleva a una conclusión: la calidad de un docente no se explica en función de su competencia digital”. Algo que Begoña Ibarrola ratificó con una petición: “Busquemos el equilibrio entre la formación digital y la humanística y promovamos las competencias emocionales”.
La mesa redonda se completó abordando otras cuestiones, tales como la importancia de la practica reflexiva y de la autocrítica en el ejercicio profesional, la influencia del proyecto educativo de los centros en las competencias docentes, o la necesidad de un ejercicio coral de la profesión.
CONCLUSIONES:
1-. DESARROLLO PERSONAL DEL DOCENTE EN CUANTO A SU CONSCIENCIA Y CONCIENCIA DE LO QUE SUPONE EDUCAR.
a-.Capacidad ética y profesional. Compromiso.
b-. Motivación y entusiasmo por la tarea
c-. Vocación, amor y pasión por educar.
d-.Autoconocimiento y conocimiento del alumnado.
e-.Amor por el conocimiento.
2-.COMPETENCIAS EMOCIONALES PERSONALES E INTERPERSONALES. CLIMA SALUDABLE EN EL AULA.
a-.Formación en la dimensión emocional personal y social.
b-.Capacidad para generar un clima saludable en el aula.
c-.Convencimiento de que la Educación es relación. Capacidad para interaccionar con el alumnado
d-.Conciencia de que educamos entre todos y valoración de los compañeros.
e-.Trabajo en equipo. Aprendemos unos de otros.
f-.Respeto y confianza.
3-.FORMARSE EN ESTRATEGIAS QUE LLEVEN A UNA MOTIVACIÓN POR EL APRENDIZAJE Y A UNA VALORACIÓN DEL CONOCIMIENTO, TANTO DISCIPLINAR COMO INTERDISCIPLINAR.
a-.Valorar el conocimiento en mi campo y en todos los campos del saber.
b-.Formarse en estrategias para contagiar el amor por el conocimiento al alumnado.
c-. Importancia de la formación permanente del profesorado actualizándose en estrategias para el aula y en la aplicación de la tecnología.
d-.Conocer los avances en educación (investigadores y pensadores) y adaptarlos a la práctica.
4-.COLABORAR EN LOS CENTROS EDUCATIVOS Y CON OTROS PROFESIONALES DE MANERA EFICAZ.
a-.Que los docentes puedan tener una mayor iniciativa en los centros educativos para que puedan aportar más y se pueda avanzar más eficazmente.
b-.Liderazgo en los centros docentes.
c-.Cultura colaborativa en los centros y con otros profesionales de la educación.
d-.Crear espacios de participación.
e-.Capacidad para trabajar con otros (docentes, familias, entorno cercano…)
5-.TRABAJO COLABORATIVO EFICAZ DEL DOCENTE CON OTRAS ENTIDADES Y, EN ESTE CASO, PARTICIPACIÓN EN EL COLEGIO PROFESIONAL DE DOCENTES.
a-.Trabajar con otros docentes de forma colaborativa dando iniciativas y creando vínculos. “Pensar juntos para crear juntos”.
b-.Crear “comunidades de aprendizaje” y grupos de trabajo más que cursillos aislados. Aprender a aprender juntos.
c-.Propiciar una formación del profesorado que impulse estas competencias docentes y apoyarla.





